Cambio Climático: un poco de historia (II)

En diciembre de 1997, en la tercera reunión anual de la Conferencia de las Partes del UNFCCC, celebrado en Kioto (Japón), se aprueba el Procolo de Kioto; Los países que formaban parte de la Convención se dieron cuenta de que sin dar un paso más, no se podría frenar la emisión de Gases de Efecto Invernadero; por eso y tras dos años y medio de negociaciones, se crea un documento escrito que establece medidas y objetivos concretos respecto a lo acordado en el tratado de creación del UNFCCC.

El texto fue firmado por 84 países durante el periodo de firmas, establecido entre marzo de 1998 y marzo de 1999. Posteriormente, para establecer una relación jurídicamente vinculante, el texto debía ser objeto de ratificación, aceptación, aprobación ó adhesión (cualquier formula era válida). Se había previsto que el Protocolo de Kioto entraría en vigor a los 90 días después de que al menos 55 países (o partes), representando al menos el 55 % de las emisiones mundiales, lo hicieran. El Protocolo de Kioto entró en vigor de forma general en febrero de 2005. Actualmente son 174 países los vinculados, con el 61,6 % de las emisiones. La lista está aquí.

De forma resumida, el Protocolo de Kioto establece, entre otras cosas, lo siguiente:

1. Se especifican los Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el anexo A. Se diferencia entre las fuentes de emisiones y los llamados “sumideros”, que absorven los GEI. Estos últimos deben ser actividades humanas de cambio de uso y silvicultura, concretamente, forestaciones, reforestaciones y deforestaciones. Las emisones netas son la diferencia entre emisiones, debidas a las fuentes, y las absorciones, debidas a los sumideros.

2. Se toma como año base 1990 y como primer periodo de compromiso 2008 – 2012. Se establecen los objetivos de emisión anual para el periodo de compromiso, como un porcentaje de las emisiones del año de referencia (1990). Los países en vías de desarrollo del anexo I pueden utilizar una año base distinto de 1990, comunicándolo a la Conferencia de las Partes. Para determinados gases (HFC, PFC y SF6) se permite utilizar el año 1995 como base.

3. Se solicita a los distintos países los datos necesarios para realizar un inventario de GEI del año 1990 y una estimación de las emisiones en los años siguientes, según una metodología común y aprobada, de acuerdo al Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) y al Órgano subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico.

4. Se establecen las emisiones netas máximas para los distintos países en el periodo de compromiso 2008 – 2012, expresadas como toneladas de CO2 equivalentes (tCO2e). En el caso de España, formamos parte del grupo de la Unión Europea, con el objetivo global de reducción de un 8% respecto a 1990. Dentro de este grupo, a España se le ha asignado como objetivo un aumento máximo de emisiones netas de un 15 % respecto al año base. A pesar de eso vamos muy mal.

5. Los países integrantes deben establecer inventarios nacionales de emisiones y absorciones, de acuerdo a las metodologías establecidas por el IPCC y aprobadas por la Conferencia de las Partes. Las metodologías son revisadas periódicamente. Anualmente se debe presentar el balance de emisiones netas que demuestren el cumplimiento de los objetivos acordados. Por otro lado, se deben desarrollar programas de acción en los distintos países para mejorar los datos de los inventarios y para mitigar los efectos de cambio climático.

6. Se permite la utilización de mecanismos flexibles para facilitar el cumplimiento de los objetivos, teniendo en cuenta que se busca un objetivo mundial de reducción. Por un lado están los mecanismo basados en proyectos, en los que básicamente se realizan proyectos que disminuyan las emisiones de un país a cambio de permitir que se emita un poco más en otro país: Mecanismo de Desarrollo Limpio (Clean Development Mechanism – CDM), para proyectos realizados por países del anejo I en países que no son anejo I; y Actividades de Implementación Conjunta (Joint Implementation – JI), para proyectos realizados entre países del anejo I. Por otro lado está el comercio de emisiones, que permite la transferencia de emisiones entre distintos países. En el Acuerdo de Marrakech, 2001, se limita la utilización de estos mecanismos, impidiendo un uso excesivo que impida una reducción de emisiones en el propio país.

Por lo demás, nada nuevo a lo establecido en el tratado del UNFCC. Más y más burocracia.

Entraremos más en detalle en algunos de los aspectos desarrollados en este artículo.

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